El Protocolo 3.3 establece una medida concreta para favorecer la protección de los menores de edad en las casas curales:
En lo posible, las personas que prestan servicios en la casa cural deben evitar llevar consigo a menores de edad. Cuando esto ocurra, los menores deben permanecer bajo la supervisión del adulto responsable.
Esta disposición busca prevenir situaciones de riesgo y fortalecer los entornos seguros en los espacios donde se desarrolla la actividad pastoral.
La protección de los menores y de las personas vulnerables es una responsabilidad que nos compromete a todos.
Cuidar también evangeliza.