XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Solemnidad
Agosto 23 de 2020
Este domingo se puede convertir en un día de examen, pues la palabra que se proclama está marcada por la pregunta ¿quién es Jesús? Es el mismo Señor quien la propone en doble sentido: ¿qué han oído decir de mí?, y ¿ustedes qué creen que soy? Es una pregunta no fácil de responder porque no hace referencia a la biografía o el curriculum vitae de la persona de Jesús sino a su identidad personal y esencial. Para ello se hace necesario conocerlo de manera personal, conocerlo en su ser y en sus identidades más profundas.
Tan importante es esta pregunta que marca un momento central en el conjunto de los relatos de los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas; un momento que está ligado a la designación de Pedro como potestad última de la obra de la Iglesia en el mundo y en la historia, y al primer anuncio de la Pasión del Señor.
Estas preguntas son actuales y siempre lo serán, pues es de vital importancia saber qué se decía de Jesús en el comentario popular y mucho más importante para nosotros tener claridad sobre él. La idea que tengamos de Jesús marca el sentido de nuestro seguimiento.
Es una pregunta que se da en la intimidad y va hasta lo más recóndito del corazón, allí donde las respuestas son de pocas palabras porque llevan el sello de la verdad profunda, aquella donde el que responde se siente profundamente implicado y a la que accede por las certezas del corazón y del ser y por eso superan todo discurso o no hay discurso que sea adecuado. Con razón entre nosotros se dice que la mejor expresión de nuestra fe es la liturgia, allí donde los signos, los símbolos y los ritos lo dicen todo y no cesan de indicar tantas cosas.
Si un periodista preguntara sorpresivamente sobre nuestra idea de Jesús, ¿usted qué respondería? Es una pregunta que no se puede resolver desde la academia o la consulta de textos porque la respuesta honrada y sincera hay que buscarla en las profundidades del corazón.
Esta pregunta nos devuelve a la oración, a la consulta atenta de la Biblia, a buscar la instrucción catequética y, aún más, a la memoria de la propia historia y experiencia de fe. Y las respuestas estarán llenas de matices porque cada historia es cada historia, pues cada persona es única y con cada uno Dios establece una relación única, marcada por las condiciones personales de vida. Es la vida de cada persona lo que en definitiva interesa al Señor.
Al apóstol Pedro, que supo dejar ver su sintonía con el corazón de Dios, Jesús le da la prerrogativa para abrir o cerrar las puertas y los canales de la fe y la vida de la gracia; un don que evoca la potestad que Dios dio a Eliacín en la mención de la primera lectura tomada del profeta Isaías: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá. Sólo quien conoce las honduras del corazón de Dios es digno de administrar sus asuntos, es digno de representarlo y de interpretarlo en las distintas situaciones de la historia y delante de la sorprendente diversidad de sus seguidores.
Y en la segunda lectura el apóstol Pablo nos quiere hacer entender que sólo por la fe y un encuentro personal y vivo con el Señor podemos saber de él y de sus designios, pues ¿quién puede conocer su mente? o ¿ser su consejero?; y termina recordando que Dios es origen, guía y meta del universo; es decir, nos supera en todo y lo rebasa todo.
Ya en el Antiguo Testamento y en la intimidad del Monte Sinaí Moisés había interrogado a Dios sobre su identidad: si allá abajo el pueblo me pregunta por tu nombre, ¿qué les digo? Yo soy el que soy, respondió Dios.
Frase para recordar: Yo soy el que soy, dice el Señor.
POEMA
Himno de la Liturgia de las Horas
.
De la vida en la arena
me llevas de la mano
al puerto más cercano,
al agua más serena.
El corazón se llena,
Señor, de tu ternura;
y es la noche más pura
y la ruta más bella
porque tú estás en ella,
sea clara u oscura.
La noche misteriosa
acerca a lo escondido;
el sueño es el olvido
donde la paz se posa.
Y esa paz es la rosa
de los vientos, Velero,
inquieto marinero,
ya mi timón preparo
-tú el mar y cielo claro-
hacia el alba que espero.
+ Ovidio Giraldo Velásquez (Obispo de Barrancabermeja)